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Un símbolo que define una profesión también puede estar repleto de bacterias dañinas y no lavarse tan a menudo como los pacientes quisieran.
Por Austin Frakt

Un estudio reciente de pacientes en diez hospitales universitarios de Estados Unidos encontró que poco más de la mitad se preocupa por lo que visten sus médicos, la mayoría prefiere la bata blanca tradicional.
Algunos médicos también prefieren la bata blanca, considerándola un símbolo definitorio de la profesión.
Lo que muchos quizás no se dan cuenta es que la vestimenta de los trabajadores de la salud, incluida esa bata blanca aparentemente “limpia” que muchos prefieren, puede albergar bacterias y patógenos peligrosos.
Una revisión sistemática de estudios encontró que las batas blancas están frecuentemente contaminadas con cepas de bacterias dañinas y a veces resistentes a los medicamentos asociadas con infecciones adquiridas en el hospital. Hasta el 16 por ciento de las batas blancas dieron positivo para MRSA, y hasta el 42 por ciento para la clase bacteriana Gram-negativas.
Ambos tipos de bacterias pueden causar problemas graves, incluyendo infecciones de la piel y del torrente sanguíneo, sepsis y neumonía.
No son solo las batas blancas las que pueden ser problemáticas. La revisión también encontró que los estetoscopios, teléfonos y tabletas pueden estar contaminados con bacterias dañinas. Un estudio de cirujanos ortopédicos mostró una coincidencia del 45 por ciento entre las especies de bacterias encontradas en sus corbatas y en las heridas de los pacientes que habían tratado. También se ha encontrado que los uniformes de enfermeras están contaminados.
Entre los posibles remedios, los textiles antimicrobianos pueden ayudar a reducir la presencia de ciertos tipos de bacterias, según un estudio aleatorio. El lavado diario de la vestimenta de los trabajadores de la salud puede ayudar un poco, aunque los estudios muestran que las bacterias pueden contaminarlas en cuestión de horas.
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Varios estudios de médicos estadounidenses encontraron que la mayoría pasa más de una semana sin lavar sus batas blancas. El diecisiete por ciento pasa más de un mes. Varios estudios centrados en Londres tuvieron hallazgos similares en relación tanto con las batas como con las corbatas.


Un ensayo aleatorizado publicado el año pasado evaluó si usar batas blancas de manga corta o larga marcaba una diferencia en la transmisión de patógenos. De forma consistente con trabajos anteriores, el estudio encontró que las mangas cortas llevaban a tasas más bajas de transmisión de ADN viral. Puede que sea más fácil mantener las manos y muñecas limpias cuando no están en contacto con las mangas, las cuales, a su vez, pueden tocar fácilmente otros objetos contaminados. Por esta razón, la Sociedad de Epidemiología de la Atención Médica de Estados Unidos sugiere a los médicos considerar un enfoque de “brazos desnudos hasta los codos”.
Con el uso de desinfectante de manos a base de alcohol — a menudo más eficaz y conveniente que el agua y el jabón— es mucho más fácil mantener las manos limpias que la ropa.
Pero la ubicación del desinfectante de manos a base de alcohol para los trabajadores de la salud no es tan conveniente como podría ser, reduciendo su uso. ¿La razón? A principios de la década de 2000, los bomberos comenzaron a exigir a los hospitales que retiraran o reubicaran los dispensadores porque los desinfectantes de manos contienen al menos un 60 por ciento de alcohol, lo que los hace inflamables.
Los códigos de incendios ahora limitan dónde se pueden colocar —una distancia mínima de los enchufes eléctricos, por ejemplo— o cuánto se puede mantener en el lugar.
Los desinfectantes de manos se usan con mayor frecuencia en los pasillos, aunque un mayor uso cerca de los pacientes (como inmediatamente antes o después de tocar a un paciente) podría ser más eficaz.
Un equipo creativo de investigadores estudió qué pasaría si los dispensadores se colgaran sobre las camas de los pacientes en un aparato de barra de trapecio. Esto colocó el desinfectante a la vista, de forma evidente, mientras los médicos atendían a los pacientes. ¿El resultado? Se usó más del 50 por ciento más de desinfectante de manos.
Aunque se han producido incendios en hospitales a causa del desinfectante de manos a base de alcohol, son raros. Un estudio halló que, en casi 800 centros de salud estadounidenses que usaban desinfectante de manos a base de alcohol, no se habían producido incendios. La Organización Mundial de la Salud considera que el riesgo de incendio de los desinfectantes de manos es “muy bajo”.
Un artículo en The New York Times hace 10 años decía que la Asociación Médica Estadounidense, preocupada por la transmisión de bacterias, estaba estudiando una propuesta “para que los médicos colgaran sus batas de laboratorio para siempre”. Tal vez una de las razones por las que la idea no ha arraigado en la última década se refleja en el comentario de un médico en el artículo de que “la bata es parte de lo que me define, y no podría funcionar sin ella”.
Es un símbolo poderoso. Pero tal vez la tradición no tenga que abandonarse, solo modificarse. Combinar atuendos blancos de mangas cortas, lavados con más frecuencia, y con desinfectantes de manos colocados de forma más conveniente —incluyendo dispensadores de desinfectante portátiles — podría ayudar a reducir la propagación de bacterias dañinas.
Hasta que estas ideas u otras se implementen por completo, una cosa que todos podemos hacer ahora mismo es preguntar a nuestros médicos sobre la desinfección de manos antes de que tengan contacto físico con nosotros (incluidos los apretones de manos). Un pequeño recordatorio podría ser de gran ayuda.
Austin Frakt es director del Centro de Recursos de Políticas Basadas en Evidencia en el Sistema de Atención Médica de Veteranos de Boston; profesor asociado de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Boston; y profesor asociado adjunto de la Facultad de Salud Pública Harvard T.H. Chan. Publica en el blog The Incidental Economist. @afrakt


